La Maliciosa
La Leyenda/The Legend

La Maliciosa - La Leyenda

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Este finde va a tener lugar un festival legendario lleno de magia y misterio. Para quien quiera adentrarse un poco más en este bosque os dejamos la historia de La Maliciosa que hemos creado:

Cuenta la leyenda que hay leyendas que cuentan historias dispares que los lugareños transmitieron durante décadas a sus pequeños, narrando que en las lindes de Cercedilla moraba antaño una mujer de misteriosas y, para algunos, siniestras costumbres. Nadie alcanzaba a descifrar su edad, aunque todos la recordaban allí desde siempre. Aquella cuyo nombre nadie conocía, se adentraba como el viento en el bosque, y silbaba o cantaba en extrañas lenguas en compañía de halcones, lobos o ciervos, mientras recogía aquí y allá extraños líquenes y musgos, hierbas, hongos y humores para sus ungüentos.

Algunos cazadores contaban fascinados que en plena noche y al alba solían divisar llamas azules, o escuchar diálogos de árbol y brisa, tormenta y murmullo de cascadas desde las cumbres, y que algo olía a sándalo, humo y flores por los senderos que acostumbraba a usar la Dama Monte. Otros la apodaban La Maliciosa o La Monja del Bosque, cuando su figura negra atravesaba las nevadas invernales, solitaria cuidadora del entorno. Pero la otra parte del pueblo la miraba con recelo y temor de pecados y sacrilegios.

Una tarde sombría de febrero, algunos hombres temerosos y mezquinos del pueblo interrogaron a un crío local, rescatado de unas zarzas por las artes mágicas de la dama, y obtuvieron al fin la localización de una de las prácticas más secretas y misteriosas de la mujer. Supieron así que más allá de las lindes de hayas y cedros, en el círculo de piedra y coníferas, escondía un jardín secreto lleno de maravillosas criaturas vegetales y animales, coloridas y titilantes como estrellas, cuyo acceso sólo se abría ante la melodía sinuosa y la secreta danza de aura azul que sólo la mujer conocía. El muchacho pudo contemplar furtivamente tal misterio secreto, tras seguirla a distancia prudencial después de su rescate, y encaramarse a la voluptuosa copa de un haya anciana.

Vio cómo la mujer sacaba una ocarina de barro y madera, y en cuanto hizo brotar de ella una indescifrable melodía dulce y triste a un tiempo, estridente y pausada, con 8 notas extrañamente mezcladas y derramadas sobre la maleza, ésta se abrió delicadamente, franqueando el paso a la mujer. Decidieron esos hombres iracundos, cegados de miedo y envidia, urdir un plan para seguir y emboscar a la Maliciosa, obligándola a que les mostrara tal brujería y expiara allí mismo sus maldades. Pergeñaron una trampa con teas y brea untada en algunos de los senderos, y decidieron incendiar el entorno para acorralar a la mujer hacia la cortada del médano (llanura, part in forest without trees, clearing), que daba acceso al circo y al secreto jardín. Pero lo que aquel día aconteció, pocos han podido narrarlo, y sólo llegaron a nosotros las habladurías que creyeron entender de boca de aquel muchacho, o tal vez de las polillas y pájaros del monte…La Dama Monte, al verse acorralada y entender lo que ocurría, sintió la erupción de un ígneo calor desde el seno de la tierra, devorando el miedo y la furia de todos los seres que agonizaban bajo aquella sinrazón y nubló la bruma su vista…y su corazón. Furiosa con aquellos hombres necios y salvajes, sintió a todos los espíritus borbotear desde la montaña hasta su propio vientre. Agrupó a los hombres y restalló en rayos azules que reavivaron y extendieron una terrorífica danza de fuego y llamaradas entorno a ellos, haciéndolos perecer a todos. Cada poro de su piel se volvió árbol o arbusto calcinado, criatura gimiendo de pavor en el crepitar de las llamas…y entonces volvió en sí, entre lágrimas, y entendiendo, temiendo por el resto del bosque y personas montaña abajo, sólo pudo poner un remedio para aquel desastre. Entonó su última canción, lenta y pausada, y le acompañó el bosque entero, con ritmo de tronco y limo, y hojas silbando y pedregal rodado, humo y lamento…y el espíritu del Gran Monte entró por las plantas de sus pies, y se imbricó en sus arterias y venas llegando hasta su corazón, y desde él, en cada latido, brotó fiera roca de granito desde lo profundo, ahogando las llamas y anudando el negro hollín con la mica, la blancura de la dama y sus cabellos en el feldespato, y toda la ceniza y muerte, en la grisalla del cuarzo…

Desde entonces, mujer y montaña son una, y sólo la roca puebla y desnuda su circo en la cumbre, protegiendo a todos los seres y criaturas a sus faldas, y recordando lo que aquel día ocurrió. Cuentan que todavía en algunas noches, entre las coníferas de la linde superior, y en algunos rincones donde el viento murmura en el valle, se pueden oír voces de humo, se intuyen extrañas melodías en la brisa y las ramas, ritmos de fondo en la roca y la madera. Y del granito brotan ecos, para quien sabe escucharlos, cantos que conjuran el corazón azul, con el que maliciosos, celebramos estas tres lunas, danzando, cuidando su legado, desvelando nuestro jardín secreto.

Escrito por: Álvaro Fenoy
Traducido por: Daniel Svendsen
Ilustrado por: Julia happymiaow

This weekend, a legendary festival full of magic and mystery is going to take place. For those who want to venture a little deeper into the magical forest, we present to you the story of La Maliciosa which we have created.

Legend has it, that there are whispers, of accounts, of tales, telling stories transmitted by locals over decades to their littles ones, describing a woman dwelling at the borders of Cercedilla, who had mysterious and, to some, sinister habits. No one could decipher her age, although everyone remembered her being there forever. This woman whose name nobody knew, entered like the wind in the forest, and whistled or sang in strange languages in the company of hawks, wolves or deer, while she gathered lichens and mosses, herbs and fungi for her ointments. Some hunters recounted in fascination that in the middle of the night they used to see blue flames, or hear conversation between tree and breeze, murmur of waterfalls from the summits, and that there was a smell of sandalwood, smoke and flowers along the paths that the woman they called Lady Mountain used to use. Others called her La Maliciosa or the Nun of the Forest, she whos black figure silently crosses the winter snows, the solitary caretaker of the environment. The rest of the village, however, looked at her with suspicion and fear of sins and sacrileges.

One gloomy February afternoon, a group of petty and fearful men in the village interrogated a local boy, who had been rescued from brambles by the magic arts of the lady, and obtained from him the location of one of the woman’s most secret and mysterious hiding places. They learned that beyond the boundaries of beech and cedar trees, in the circle of stone and conifers, she hid a secret garden full of marvelous plant and animal creatures, colorful and twinkling like stars, whose access only opened before the sinuous melody and the secret dance of the blue aura that only the woman knew. The boy had furtively been able to witness the secret mystery, by following it at a careful distance after his rescue, climbing up into the thick leafy crown of an old beech. He watched as the woman brought out an ocarina of mud and wood, and as she made a profoundly sweet, and at the same time sad, melody emerge from it, strident and paused, with 8 notes strangely mixed and spilled on the weeds before her, the sanctuary opened delicately, allowing the woman to pass.

The wrathful band of men, blinded by fear and envy, decided to devise a plan to follow and ambush La Maliciosa, to force her to reveal her sorcery and atone for her wickedness. They made a trap with torches and tar, smeared on the forest trails, and set the surrounding forest on fire in order to corner the woman towards the edge the glade and the secret garden. What happened that day, however, few have been able to recount, and people have only the gossip they believe to have understood from the mouth of the boy, or perhaps from the moths and birds of the mountain… Lady Mountain, about to be cornered and sensing what was happening, felt the eruption of an smouldering heat from the chest of the earth, devouring the fear and fury of all beings agonizing under the injustice, clouding her sight … and her heart. Furious with those foolish and savage men, she felt all the spirits bubbling from the mountain into her belly. She confronted the men, resplendent in blue rays that ignited and spread a terrifying dance of flames around them, which devoured them all. Every pore of her skin became a tree or a burning bush, a creature groaning in fear in the crackling of the flames… and then… she came to herself, in tears and understanding, fearing for the rest of the forest and people down the mountain, she could only try her best to remedy the imminent disaster. She sang her last song, low and slow, and the whole forest accompanied her, with the rhythm of trunk and mud, and whistling leaves and rolling rock, smoke and lament… and the spirit of the great mountain entered through the soles of her feet, and lodged itself in her arteries and veins, reaching up to her heart, and from it, with each beat, sprouted fierce granite rock from the deep, drowning the flames and turning the black soot to mica, the whiteness of the lady’s hair into feldspar, and all the ash and death, into the gray of the quartz….

Since that day, woman and mountain are one, and only bare rock covers the cap of the mountain, protecting all the surrounding beings and creatures, and remembering what happened that day. They say that during some nights, between the conifers of the upper tree line, and in some corners where the wind murmurs in the valley, you can still hear voices of smoke, you can sense strange melodies in the breeze and branches, background rhythms in the rock and wood. And from the granite echoes arise, for those who know how to listen to them, and songs that conjure up the blue heart – the malaciosxs celebrate three moons, dancing, preserving the legacy, revealing our secret garden.

Written by: Álvaro Fenoy
Translated by: Daniel Svendsen
Illustrated by: Julia happymiaow